lunes, noviembre 08, 2004

Sauna en Berlín - Preámbulo: ¡Fuera toallas!


 
El otoño llegó a enfriar Berlín. Las hojas de los árboles se cayeron y con ellas mi inspiración para escribir más cosas.
 
Me instalé en un estado depresivo y me quedé en la cama sin poder hacer nada.
Sólo algo me empezó a levantar el ánimo, ir a la sauna. Me convenció porque los alemanes dicen que es una forma de mantenerse saludable en las épocas de los bruscos cambios de temperatura.
 
Pero ir a la sauna también tiene algo de travieso y divertido.
Las saunas en Alemania se visitan desnudo. Los baños de vapor que visité en México no se comparaban en nada. Uno tenía que estar siempre en toallita y entre hombres. ¿Estar en pelotas en México, un lugar ultraconservador? Ni pensarlo. Sólo una vez lo hice --y muy sorprendido y avergonzado-- cuando visité un pueblo "ecológico" en la Sierra de Juárez en Oaxaca --al sur del país--. Ahí tomé un temazcal (la sauna de los pueblos prehispánicos) y la curandera que me lo aplicó me dijo: "joven, quítese el traje de baño, aquí no vinimos a juzgarnos".
Por lo demás, en Alemania: ¡fuera toallas!
 
Uno se tiene que desnudar al entrar a las cabinas de la sauna, que son normalmente del tipo sauna finlandés. Las toallitas se ponen ahí sólo donde uno coloca su trasero en la madera, y no sólo porque ésta está caliente, sino por higiene. "Kein Schweiß auf Holz", nada de sudor en la madera, dicen los letreros de las cabinas.
 
En un principio me daba mucha pena entrar así y enseñar mi cuerpo a todo mundo. Pero poco a poco se convirtió en un placer estar al natural y que nadie, de verdad, nadie te pueda juzgar. La curandera oaxaqueña tenía razón. Y quizás alguien juzga, pero lo mismo pasaría con ropa.
 
Eso sí, es un poco deprimente ver a los viejos con el pubis con pelos de alambre y las carnes flojas como gelatina sin cuajar. Algún día seremos así todos, el cuerpo terminará por ceder, el placer por mostrarse al natural, no.



Otros capítulos de la serie "Sauna en Berlín":

Capítulo 1: Un moreno desnudo en Berlín.

Capítulo 2: Miradas centrífugas.

Capítulo 3: El soplido del dragón.

Nota al pie: ¿Por qué se desnudan los alemanes?

Capítulo 4: La toalla, entre más colorida, mejor.

Capítulo 5: Encuentros del tercer tipo.

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