viernes, marzo 08, 2013

Sauna en Berlín - Capítulo 5: Encuentros del tercer tipo.

©Deutsche Fotothek
El invierno se nos va en Berlín, y con ello la oportunidad de ir a una sauna y disfrutarla. Se puede ir en todo el año, pero en realidad yo la disfruto mucho más cuando el frío está por debajo de cero.
Quizás muchos más la disfrutan también en esa época. En esos días las saunas parecen transporte público de México, con todo y sudor.

Y aunque en una ciudad tan grande como Berlín uno tiene el velo de la anonimidad para protegerse de inesperados encuentros, no siempre pasa así. Uno siempre está expuesto, y completamente desnudo, si en la misma sauna está tu compañero de trabajo. O tu jefe. O tu flirt. O la amiga de tu mamá.

En fin, a mí no me ha pasado tan fuerte pero sí un par de veces y por eso me he puesto a pensar sobre ello.

¿A quién no te gustaría encontrarte en una sauna? ¿hasta dónde y por qué tendrías la tolerancia de estar con alguien cercano en una sauna?

La primera vez que me encontré a alguien en una sauna fue raro. Era un colega colombiano que había conocido hacía tiempo en Berlín. No somos amigos pero nos conocemos lo suficiente para reconocernos. Desnudos. Yo iba saliendo de una de las cabinas, todavía lleno de sudor, todavía con los pensamientos evaporados. Y él creo que se dirigía a esa cabina, venía de frente. Lo vi, me vio, nos reconocimos. Yo iba con la Wika. Haber desviado la mirada en ese momento hubiera sido obvio y con ello habríamos sellado un paquete de vergüenza, con todo y cera. Pero tampoco hubo mucho tiempo para pensar en evitarse, todo fue relámpago.

- Hey, hola, ¿el artista colombiano, no?
- Hey, sí, ¿tú el periodista mexicano, no?
- ¿Cómo estás? Hace mucho que no te veo en eventos.

Esto fue, creo, el punto que ayudó a ver todo normal. En cuestión de segundos estábamos como en una plática de bar. Nuestra desnudez había dejado de ser una desprotección.

- Pues sí, ando trabajando en otros proyectos que me tienen muy alejado de eventos, me dijo.

Bla, bla, bla.

Cada quien siguió sus actividades saunáticas, sauneras, como si nada. Por ahí nos volvimos a ver en una ocasión. Sonrisa. Otra vez nos vimos. Saludo de rock star.

En otra visita a la sauna, saliendo de la regadera, vi a una chica que me pareció conocida. Por la cara, aclaro. Pronto la reconocí y ella a mí. Era la mesera de un restaurante de al lado de mi casa.

Asumo que cada uno de estos encuentros lleva un código de comportamiento. Yo no escaneo, tú no escaneas. De lo contrario comienza lo incómodo. Pero algo similar ocurre en cualquier otro lugar público. Uno se encuentra a alguien casualmente y, al saludar, no se abalanzan los ojos al pecho o al pubis.

Con la mesera nos preguntamos cómo estamos y ya. Brevemente. Cada quien siguió su camino saunático. Ella se dio la media vuelta y se fue. Y sí, a veces pasa también como en cualquier otro lugar público, regresas la mirada para ver si la persona se fue con bien.

Otros capítulos de la serie "Sauna en Berlín":

Preámbulo: ¡Fuera toallas!

Capítulo 1: Un moreno desnudo en Berlín.

Capítulo 2: Miradas centrífugas.

Capítulo 3: El soplido del dragón.

Nota al pie: ¿Por qué se desnudan los alemanes?

Capítulo 4: La toalla, entre más colorida, mejor.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajajajajaja eres reincidente!!
soy marietta.;)

Federico dijo...

hahaha... que bueno... a principio se te hace raro, pero después terminas por no hacer caso a las partes íntimas de otras personas. He vivido en España y también en las playas nudistas uno se acostumbra.

Saludos

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